EXPLICACIÓN DEL TEXTO DEL PAPA BENEDICTO XVI DONDE HABLA DE LOS CINCO PASOS PARA LA CONVERSIÓN.

Nuestra meta como cristianos es ganar el derecho de vivir nuestra eternidad en El Cielo. El primer paso para ello es desear, querer luchar como Dios nos lo pide para obtener este derecho. Ese querer, esa lucha la iniciamos con lo que es la conversión, el actuar para convertirnos en lo que Dios quiere que seamos, cambiando nuestro odio por amor, nuestra pasividad cristiana por un testimonio de vida, nuestro desánimo por un deseo permanente de agradar a Dios y hacerlo sentir orgulloso de nosotros.

Para nuestro Papa emérito Benedicto XVI, convertirse significa buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente las enseñanzas de su hijo, Jesucristo.

Siempre debemos recordar que la verdadera conversión de vida es más la obra de Dios en nuestras almas que nuestro hacer, por ello debemos dejar que Dios actúe en nosotros, ser humildes, dóciles a Él.

Dentro de nuestro actuar, nuestro vivir, para lograr la conversión necesaria hacia nuestra meta como católicos, encontramos cinco puntos que nos enseña nuestro Papa Benedicto XVI:

  1. Purificación de la memoria. Limpiar nuestra memoria, sanarla de todo aquello que nos hizo daño, de lo que nos ha dado sentimientos negativos, entregándole todo ello a Nuestro señor. La palabra de Dios es esa arma, es la cura que nos ayudará a liberarnos, a purificar la memoria.
  1. Control de nuestros ojos. Debemos ser permanentes centinelas de nuestros propios ojos, auto controlarlos. ¡Cuánto daño hace la pornografía! Acaba con toda pureza, con toda inocencia, y conlleva a los actos más malvados.

Tres sugerencias para la lucha contra la pornografía:

  • Al despertar, consagrar todo su ser -especialmente sus ojos- al Inmaculado Corazón de María.
  • Cuando sea tentado, invocar la Preciosa Sangre de Jesús como un escudo contra los dardos de fuego del maligno.
  • Visitar al Santísimo Sacramento expuesto y contemplar el Corazón Eucarístico de Jesús.
  1. Contener la lengua. También, nuestra lengua, debe ser controlada constantemente, su mal manejo puede llevarnos a destruir a una persona, luchemos y pidamos a Dios nos ayude a dominarla.

Tres sugerencias para lograr la conversión de nuestra boca:

  • Debemos tener el hábito de hablar más de Dios y menos de la gente.
  • Debemos aprender a contener nuestros impulsos y pensar antes de hablar.
  • Por último, así como debemos hacer a los demás lo que queremos que nos hagan, digamos a los demás lo que nos gusta que nos digan, y hablemos de los demás lo que nos gustaría que dijeran de nosotros.
  1. Examen de las intenciones. Debemos hacer nuestra auto evaluación de forma muy estricta, quizás algunas veces permitimos que en nuestras acciones intervengan egoísmos, el amor propio, la vanidad. ¿Cuáles son las verdaderas intenciones en todos nuestros actos?

Dios todo lo sabe y quiere que nuestras acciones se hagan de corazón, con transparencia y desinterés, para que sean de su agrado, para su honra y su gloria.

Una sugerencia para la conversión de nuestras intenciones, dar todo a Jesús por las manos de María.

  1. Conversión del corazón. Debemos pasar por una conversión diaria del centro de nuestro ser: nuestro corazón.

En nuestro corazón pueden existir toda clase de intenciones, desde la más noble y agradable a Dios, hasta la más perversa y despreciable.

¿Cuál podría ser el medio más eficaz para la conversión del corazón? La comunión diaria ferviente y apasionada. En la comunión, al recibir el cuerpo de Cristo, recibimos su Sagrado Corazón, donde hallamos las virtudes más excelsas y sublimes y el más alto grado de santidad y perfección.

¿Qué tal si logramos a diario un trasplante de corazón espiritual con la Sagrada Comunión? Y así podamos decir: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

Dentro de nuestro proceso de conversión, una gran herramienta que tenemos, que nos acerca a Dios es el Sacramento de la Confesión.

De acuerdo con el Catecismo de Nuestra Iglesia Católica, éstos son los cinco (5) pasos para lograr una debida confesión:

  1. Examen de conciencia. Es la auto evaluación que realizo de mis actos, pensamientos, omisiones, con el fin de preparar la confesión a la luz de la palabra de Dios (Mandamientos de la Ley de Dios).
  1. La contrición. Es el dolor del alma y el rechazo del pecado cometido, el desprecio a la ofensa cometida contra Dios.
  1. Confesión de los pecados. Es enfrentarme a los pecados de los cuales me siento culpable, asumiendo la responsabilidad, expresándolos al sacerdote. Para la debida confesión, a conciencia, no puedo dejar de mencionar pecado mortal alguno.
  1. Propósito de enmienda. Muchos pecados causan daño al prójimo, es preciso hacer lo posible para repararlos. También debemos luchar para no volver a caer en tentación.
  1. Cumplir la penitencia. Ésta es impuesta por el confesor teniendo en cuenta la situación del penitente y su bienestar espiritual, debe corresponder todo lo posible a la gravedad y a la naturaleza de los pecados cometidos.

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica.

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